domingo 1 de enero de 2012

El hombre se encuentra cuando se olvida de sí mismo, mira sus manos y se da cuenta de la vida. En el silencio del instante, en la quietud del agua que corre, en el sonido del mar y el tacto de la arena bajo los pies, puede el Ser, ser tan libre como los animales y los astros.

No hay nada en el hombre que lo separe de su madre: la Tierra, del aire y las montañas, es igual en la paz callada de la Naturaleza y en sí mismo, así como la mariposa vuela con solo desplegar sus alas, el hombre es, si atiende a la Unidad que habita en si y recorre el espacio caminando sin preguntar dónde nace el sentido de la vida. Nació hace mucho tiempo, cuando todo sucedió sin temor y en profundo misterio, y así ocurre.

El hombre puede aprender más de la noche y las estrellas, para gobernar esa oscuridad que amenaza con quitarle la tranquilidad y el aire, caminar quitándose a su paso el peso que lleva a sus espaldas, para conocer por su fuerza esa tierra libre que está a la mano de su piel, el aliento de su cuerpo. El hombre puede no morir de desesperación si aprende a mirar con otros ojos que se abrirán cuando acepte su agonía y le pida a la Creación y a la vida que le salve. Y hallará el camino que lo conduce al centro de su pecho, retornará a esa pureza y esperará la muerte sin anticipos y tranquilo, porque habrá encontrado en si, todo el amor que no deja ver su rostro, pero cubre el espíritu y la presencia, de un calor que no necesita palabras, es silencio y es eterno.

miércoles 9 de noviembre de 2011

Solo para tenerte así como en mi sueño,

Abrir el corazón a esta ternura,

Tomarte con mis brazos, abrazarte,

Rodearte con mis manos por el cuello

Y que tomes con los tuyos mi cintura.

Deja que mi corazón te hable,

Deja que mi voz te alcance y ábreme un espacio en tu mirada.

Te quiero,

Quiéreme solo una vez, solo una que el tiempo no existe,

Una eterna vez,

Que ahora mi amor está esperando tu encuentro.

Y Sabrás como es el mar cuando se detiene,

Corre por la tierra con el agua y su silencio.

Te quiero así como las olas y con tus ojos

Mira ese milagro de luz y sol

Que dejó el creador para tus pies descalzos, tu camino.

Y tendrás la pureza que buscabas,

El agua que emana de la tierra para mojar tu alma.

Toda la luz del universo está apretada entre tu aliento y tu pecho,

Y de allí, de la inmortalidad de tu vida,

Tu hermosa vida,

Escucharás lo que te dicen las hojas, el canto de la selva, el viento.

Serás inmortal en el misterio, regalando el susurro de tu existencia

A todo lo que es vida, es madre, es eterno.

lunes 31 de agosto de 2009

De dónde viene este arrebato?
Después del abandono nos hemos quedado quietos
Al borde del acantilado.

El miedo nos destruye y reconozco tus ojos
En el horror del pasado.
Hay Tablas que se rompen con los 10 mandamientos
Como una profecía.
Hay que correr, subir la colina,
Desnudar la ciega duda y dar paso a las animas,
Descubrir la verdad y la locura,
El cadáver de los animales,
La tristeza de nuestras manos separadas.

Hemos llegado al punto
Donde se derraman todos los mares
En la tierra plana.
Nos hemos burlado de los dioses
Con nuestros labios de fuego,
Pero la parca está tejiendo su sentencia
Y me teje el dolor del pecho
Con el hilo de tu sangre.

Es verdad que corrimos por el bosque,
Llegamos hasta al mar, nos desnudamos,
Llenos de sed y de hambre,
Pero en nuestros cuerpos había aliento
Para empapar todas las vidas
Que se ha llevado el cancerbero.

Y corrimos, huimos, nos inmolamos,
Ni toda la tierra y la niebla de los días
Fue suficiente para separarnos del abrazo
Y te abracé con fuerza y no sentías frio
porque estabas a mi lado.

Pero ha llegado el desespero,
El ángel viene con su espada de realidad
Y ha atravesado la hilera de delirio
de nuestros cuerpos trenzados.

No hubo tiempo para volver a huir,
Detener el fuego y lavar la culpa con la sal del agua.
Te retuve fuertemente y te pedí que no me dejaras,
Que no murieras por la espada,
Que guardaras con tu beso mi memoria,
Pero la masacre fue tan cruel y ávida
Y sólo en el momento de terror entendí que me amabas.

Grité con el eco infinito de mi alma,
Con la rabia encendida de mi llanto,
Me arrime a tu cuerpo ya inalcanzable como la noche
Pero algo latía en tu pecho y me invito a volar.

Y aquí estoy,
Después de vivir todas las jornadas de los mortales,
He vuelto con la venganza satisfecha
A recuperar tu negro destino.

Otra vez estamos corriendo,
Siempre huimos y nos quedamos quietos
Al borde del acantilado.
Y sabes que en el camino donde corremos
Hay cubiertas de espinas,
Pero al final eres el que pide permiso a los lobos
Y al tenerme, reconoces en mis ojos
La tierra libre para descansar tu alma.